De como la contribución aporta a la forma; desde Ajijic, Jalisco.

13 Octubre, 2011

Nunca había visitado Ajijic, Jalisco. Tampoco había asistido a una convención de yoga, pero ahí estaba, frente al oleaje de la laguna que se pinta de plata al amanecer y atardecer, con sus destellos en tonos rojizos y las montañas a mis espaldas, tan cerca, que son como una cortina de árboles que cubre el horizonte, apapacha, abraza y contiene.

¿Qué me llevaba ahí? Hasta hace un mes ni siquiera era miembro de la AMYI (Asociación Mexicana de Yoga Iyengar). En febrero de este año me mudé, por cuestiones personales, a vivir a Cuernavaca, desde entonces no he podido contactar o conocer practicantes de yoga Iyengar en la ciudad y vi en la Convención la oportunidad de encontrarme con algunos. Conocí gente, maravillosa, de Monterrey a Cancún, pero no encontré a nadie de Morelos. Por fortuna, me encontré con mi Maestra Jñana Dakini, parte muy importante de mi formación en este camino, a quien agradezco sus consejos, apoyo y deferencias, que me ayudaron a encontrar el camino para poder dejar las semillas necesarias en esta parte del país y que el yoga Iyengar eche sus raíces en cada rincón.

A la entrada de la Asamblea

La asamblea era un momento importante de mi asistencia a la Convención, sería la oportunidad de aprender y conocer sobre las formas para llevar a cabo el proyecto de acercar el yoga Iyengar a Morelos. Nunca había asistido a una asamblea de asociados, he leído muchas actas de asambleas, muchísimas, de hecho más de las que hubiera querido, pero eso no me preparó para la experiencia.

Fue una reunión bastante sui géneris, que me tomó por sorpresa y me dejó muchas enseñanzas y una que otra señal de por dónde seguir. Somos un pequeño grupo de asociados con el mismo fin, lo que nos da una gran ventaja, tanto el ser pequeños -por ahora- como el hecho de tener un fin común. Somos una asociación naciente, que apenas ha echado sus raíces y que juntos estamos aprendiendo a crecer. De esa asamblea me quedó la inquietud sobre las formas y las reticencias que éstas producen. Siento que en algunos lugares hay un desprecio por la forma como si ésta no fuera más que un envoltorio molesto y prescindible.

En otros momentos he encontrado el rechazo como reacción al exceso de importancia que se le presta a la forma en otros ámbitos, sin embargo creo que en esa situación lo que se celebra en exceso es la figura no la forma. Y eso, el alejamiento de las formas, me preocupa, pues desde mi punto de vista no es posible crecer sin forma. Entiendo a la forma como el conjunto de relaciones que, mediante una determinada ley, coordinan a las partes: es decir, la forma es un orden, es la consecuencia de la organización de las partes.

Si no ordenamos las distintas partes de mente y cuerpo bajo determinadas instrucciones nunca obtendremos el resultado de la forma de Tadasana, ni ninguna otra, aunque obtengamos una figura que se le parece nunca será una forma. Así también, si no nos ordenamos, como grupo de individuos con un mismo fin, bajo una serie de reglas, instrucciones o normas predeterminadas (por nosotros mismos casi todas) no podremos formarnos organizadamente y crecer. Creo que esta fue la mayor enseñanza que tuve en esos días y que me han llevado, los días siguientes a todos estos cuestionamientos que ahora comparto.

Celebro que, más allá de nuestras diferencias –las que nos hacen sumamente ricos, por cierto- se haya podido llevar a cabo este maravilloso ejercicio de debate, consensos, disensos y decisiones. Ojalá esta experiencia nos haya hecho crecer como asociación y nos haya dado luz sobre nuestras ventajas y desventajas, sobre nuestras oportunidades y amenazas y nuestras debilidades y fortalezas para que juntos demos forma a este hermoso proyecto y lo hagamos crecer cada día un poco más.

Sólo cuando las partes constituyentes del todo tienen el único fin de contribuir a la perfección de una experiencia consciente, el designio y la figura pierden su carácter superpuesto y se convierten en forma. Gracias a todos y cada uno que con su calidez, gentileza y apertura de corazón enriquecieron mi experiencia. Gracias a la organización de todo el evento, gracias por su hospitalidad y su entrega en cuerpo, alma y tiempo; tiempo robado al sueño, al descanso, a la familia y a los suyos, a quienes también habrá que agradecer. Namasté.

Sandra Peredo.

Inicié mis estudios de Yoga con Gerardo Grobet. Curso la formación de maestros en Yoga Espacio. He tomado talleres con maestros como Dh Dharmapriya, Cristina Quezada, Chantal Gómez Jauffred, José María Vigar y Christian Pisano, entre otros. Cursé el nivel I de Parinaama (Yoga para las Adicciones) con Ann Moxey y actualmente doy clases en el penal de Atlacholoaya y en el DIF Cuernavaca, así como a particulares.

Para ver más fotos de la convención 2011 haz clic aquí.

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