Los frutos de la tercera convención, reflexión de la coordinadora
Guadalajara, Jalisco, a 04 de Octubre de 2011.
A nueve días de finalizada nuestra tercera convención Yoga Iyengar AMYI 2011, la intensa jornada de trabajo comienza a volverse calma. Gracias a cada uno de los participantes que lo hicieron posible con su asistencia y a cada uno de los coordinadores y colaboradores que tan arduamente trabajaron en la organización de la misma.
Me han pedido que comparta una reflexión de esta jornada. Creo que cada vivencia, aún siendo colectiva es singular, cada uno tendrá sus anécdotas, momentos dulces, inconformidades, gratas sorpresas, frustraciones, así como expectativas superadas o incumplidas. Lo que nuestra memoria guarda de lo vivido depende más de nuestra circunstancia interna que de la externa. El evento en sí mismo, como todo en la vida es mejorable, como cada asana en nuestro tapete es eternamente mejorable y siempre única.
Lo que esta coordinación me ha dado a reflexionar es sobre la pregunta que con mayor frecuencia me hacían:
¿Cuál es mi beneficio por ser miembro de la Asociación Mexicana de Yoga Iyengar A.C.?
¿Qué es lo que la asociación me da si me hago miembro?
En la pagina oficial existe un listado de por lo menos 10 beneficios, en el folleto de la convención enumeramos por lo menos 3 más, pero seguimos pensando que no recibimos suficiente a cambio de lo que le damos, esto abrió una gran inquietud en mí, busqué mi propia respuesta, misma que comparto hoy aquí con ustedes para su consideración.
Hace tres años los miembros fundadores parieron una asociación, un pequeño bebé, incapacitado de valerse por si mismo, demandante de tiempo y lleno de necesidades específicas que los padres primerizos solemos desconocer… Menudo trabajo eso de ser padres de un recién nacido. ¡En hora buena a ellos por dar ese primer paso!
Hace unos días festejamos su tercer año de vida en nuestra 3° convención Yoga Iyengar AMYI 2011 y me respondo a las preguntas anteriores siguiendo la misma analogía:
¿Cuál podría ser el beneficio de hacerte cargo de un bebé?
¿Qué me dará a cambio de mi dinero, de mi tiempo y de mi trabajo este pequeño de tres años por hacerme cargo de él?
¿Por qué tendría que dar tanto por nada?
El Bhagavad Gita me contesta en un lenguaje decisivo; “por la acción desinteresada; por la renuncia a los frutos de la acción”, “haz el trabajo que te corresponde pero renuncia a sus frutos, sé desapegado y trabaja, no tengas deseos de recompensa y trabaja”, “esta es la inequívoca enseñanza del Guita. El que abandona la acción, cae. El que abandona solamente la recompensa se eleva. Pero la renuncia a los frutos de ninguna manera significa indiferencia por el resultado.
Respecto a toda acción, uno debe conocer el resultado que se espera obtener, los medios y la capacidad para ello. Aquel que, estando así equipado, no tiene deseos por los resultados pero está completamente concentrado en el debido cumplimiento de la tarea ante sí, se puede decir de él que ha renunciado a los frutos de su acción.
Por otra parte, que nadie considere que la renuncia significa falta de frutos para el renunciante. Renunciación significa ausencia de ansia por los frutos. En realidad el que renuncia recibe mil veces más. La renuncia del GUITA es la dura prueba de la fe. “El que está siempre pensando en los resultados, a menudo pierde los nervios en la ejecución de su trabajo. Se pone impaciente y da rienda suelta a la ira”. GANDHI
Esta convención se llevó a cabo (al igual que las dos anteriores) gracias a la existencia de la Asociación. En este momento este pequeño niño de tres años que es la AMYI no tiene las mismas capacidades de dar que un joven de 20 años, lo que ahora necesita de nosotros es trabajo desinteresado, brindarle nuestro tiempo, dinero y esfuerzo para procurarle unos cimientos fuertes, darle directriz a su camino para que sus pasos sean firmes, honrados y congruentes y tal vez en veinte o treinta años sea un ser maduro competente para dar cobijo al desamparado.
Capaz de dar becas por falta de recursos económicos, de tener programas de talleres para cárceles, reclusorios o instituciones de ayuda a desvalidos, de editar revistas o traducciones de libros para su distribución y consulta gratuita, de financiar clases semanales gratuitas en todos los estudios de yoga Iyengar establecidos o incluso armar estudios de yoga provisionales e itinerantes, contar con recursos para adiestrar maestros en pueblos o comunidades apartados de las grandes urbes para que cada vez más personas reciban los beneficios del Yoga Iyengar. ¿Ambicioso?, sí… ¿Imposible?, no.
Cuando ofrecemos nuestros servicios desinteresados, tal como lo hacemos con los hijos, en un principio no hay mucho que cuestionar, alegres y entusiastas nos ponemos allí; es hasta que el tiempo pasa, el trabajo se acumula, la presión aumenta, las discrepancias aparecen y el cansancio nos invade, que empezamos a preguntarnos si realmente habremos hecho lo correcto, si nuestras decisiones han sido atinadas y habremos dado el mejor de nuestros esfuerzos, si todo nuestro esfuerzo ha valido la pena, si nuestras acciones fueron formativas o reformativas…
Para mí la respuesta sigue siendo la misma, tanto en mi colaboración a la asociación como en mí ser madre:
No hay posibilidad de no equivocarse…y a cada día su propio afán…
Hacer cada día mi mejor esfuerzo con conciencia y amor, trabajar sin esperar la recompensa, como si de un acto amoroso y desinteresado se tratase y saber que estos mis hijos no me pertenece, que sus logros no son míos y que no me deben absolutamente nada sino todo lo contrario, poder estar infinitamente agradecida con la bendición de haber compartido un tiempo y un espacio en sus vidas, absolutamente asombrada y satisfecha por las enseñanzas que no esperaba recibir y que sigo recibiendo; entre más crecen más aprendo, más me doy cuenta de lo insignificante que soy y de la bendita arrogancia que me hizo ser madre y creer en un sueño.
Con todo mi agradecimiento a todos ustedes por la confianza y el apoyo recibidos.
Cynthia G. Bordes
Coordinadora de Convención 2011
Cynthia G. Bordes; Estudió la licenciatura en artes escénicas con un riguroso entrenamiento físico, en 2002 Inicia en Yoga Iyengar de la mano de Chantal Gómez Jauffred, Cursa el programa de profundización y formación para profesores impartido por Chantal Gómez Jauffred, Paul King y Cathy Rogers Evans en el estudio Practica Yoga de Guadalajara. Ha tomado diferentes talleres con profesores senior como José María Vigar, Alan Brown, Richar Ward , Margot Kitchen, entre otros. Piensa que el conocimiento no es tal si no ha sido pasado por la luz de la experiencia, por lo que se alegra ayudando a los alumnos a hacer propio un conocimiento ancestral.

